La Carta que nunca hice llegar
Febrero 17th, 2005
Buscando un libro en casa de mi mamá, me topé con una carta que hace algún tiempo escribí, cargada de sentimiento y que nunca hice llegar, no sé porqué... Hoy me atrevo a publicarla, -confieso que es bien cursi- y quien sabe, tal vez él llegue a leerla... A ver... seré breve y lo más sincera posible... Eres el tipo de hombre que fascina, que seduce y que logró meterse en mi conciencia sin que llegara a darme cuenta... porqué? Por que eres bello, inteligente, sexy, poseedor de un divino sentido del humor, tienes mirada de niño y una sonrisa que me hizo desear que el tiempo se detuviera sólo para seguir contemplándola. Claro está, no te estoy diciendo nada nuevo, tu estrategia de seducción consiste justo en administrar tus encantos magistralmente, cosa que por demás está decir, funciona a la perfección. ¿Alguna vez te dije que la primera vez que salimos juntos amanecí perdidamente enamorada de ti?, ¿que esperé o mejor dicho, desesperé por tus llamadas? Pues sí... viví días agobiantes y ni hablar de las noches por pensar en ti... Tonto y cursi, pero cierto. Y así como eres un manojo de virtudes, también eres espléndidamente mentiroso, admirablemente descarado y exquisitamente hipócrita, cosas, que sé que sabes, es más, disfrutas el poder dominar esas “artes”, y bueno, de todo eso me di cuenta la tercera vez que me encontré contigo, y aún así lograste mantenerme paradójicamente fascinada, más no engañada. Y si me decido a escribirte no es porque no tenga el valor de decirte todo esto, porque algunas cosas ya te las he dicho, sino porque simplemente tuve necesidad de hacerlo, mi intención es hacerte saber que nunca me sentí estafada, te explico, no soy una niña tonta que anda por las nubes, aunque estoy segura que más de una vez te lo parecí; simplemente me hiciste sentir cosas excepcionales y quise disfrutarlas, porque como una vez te dije, me lo merezco. Sabes? en mi vida he aprendido muchas cosas buenas y otras no tanto, aprendí a decir lo que siento cuando lo necesito, a decir mentiras y medias verdades y hasta a hacer el ridículo, aprendí que esta es la única vida que tengo y definitivamente no me quería arrepentir de no disfrutar de ti. Y te cuento que valió la pena hacerme “de la vista gorda” para contemplar tu sonrisa y disfrutar de tu mirada –entre otras cosas, por supuesto- por eso no me arrepiento de un solo instante que he pasado contigo o pensando en tí, por el contrario, todos y cada uno de ellos los disfruté en mayor o menor grado, pero los disfruté intensamente. Besos Ahora bien, si todo eso me hubiese sucedido hoy día, sólo le diría: ¡Tú te lo pierdes, queridito!Entry Filed under: Anécdotas










Leave a Comment
Some HTML allowed:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>
Trackback this post | Subscribe to the comments via RSS Feed